PANDEMIAS Y PANDAMIAS: una mirada anecdótica a los impactos diferenciados del confinamiento en la vida productiva de las mujeres académicas
Esthela Irene Sotelo Núñez
Era una tarde calurosa, entre marzo y septiembre de 2020. No recuerdo la fecha, pero sí sé que era miércoles. Los miércoles de pandemia mi hijo menor, de 8 años, toma un taller de arte en línea. Se conecta desde una mesita verde, colocada justo a lado de mi escritorio. No es que no me importe su formación artística, pero debo decir que mi único incentivo para inscribirlo fue ganarle dos horas productivas al día, sin abonar a la culpa que me produce saberle “enchufado” demasiado tiempo al Ipad, a Netflix o, de plano, a quién sabe qué juegos ruidosos desde mi propio celular.
Ese miércoles, la maestra del taller decidió que todos montarían un performance. Cada niño y niña elegiría una canción, con personajes, bailes, efectos especiales…toda una producción, pues. Mi hijo es un amante declarado de los pandas y la bici. Habría deseado yo que quisiera montar su número usando la bici, pero no…eligió los pandas. El concepto era simple, pero poderoso: a ritmo de “la-canción-que-usas-para-hacer-ejercicio-mamá” lloverían pandas de peluche frente a la pantalla, mientras nuestros dos perros chihuahua bailaban de un lado a otro. Él aparecería desde abajo, usando un gorro de pandas también (o sea, puro arte contemporáneo aquí).
El título del performance era la joya de la corona: “Lorenzo en la PANDAmia” No lo había visto tan emocionado desde que acampamos en la azotea, en Semana Santa. Antes de “entrar a escena” advirtió que necesitaba un(a) asistente de producción, un(a) ingeniero(a) de sonido y alguien que aventara a los pandas y moviera a los chihuahuas de un lado a otro…no abusaré de la amable atención de quien me lee…sólo diré que aventar pandas de peluche, poner la canción a tiempo, y hacer que dos perros chihuahua bailen de un lado al otro, mientras tu hijo emerge de debajo de la mesa, es todavía más difícil que la contraseña del correo institucional.
El número fue ampliamente aclamado por la crítica. Tanto, que solicitaron una segunda función. Mientras llegaba el momento, yo trataba como desesperada de seguir avanzando en la lectura de la tesis de mi estudiante de maestría, de terminar a tiempo las correcciones de un artículo, y sacar algunos oficios…no hice ninguna de las tres. Si acaso, chequé el correo electrónico y leí mis WhatsApp, antes de volver “a escena”.
Cuando terminó el taller, me levanté corriendo porque era hora de la merienda. En el camino de mi escritorio a la cocina, reparé en un detalle cotidiano, que hasta ese momento no me había causado tanta molestia: la puerta del estudio de mi marido estaba cerrada; detrás, se escuchaba a Shostakovich. Abrí la puerta y pregunté “¿Por qué cierras la puerta?” la respuesta fue honesta y sin filtro: “Porque tengo mucho trabajo, y con tanto ruido no me puedo concentrar”.
No relataré aquí el pleito marital que siguió, pero sí diré que esa escena se ha repetido bastante (sin pandas ni chihuahuas, eso sí). A menudo es un pleito negociar más presencia de mi compañero de crianza, a menudo tengo que pelearme contra una puerta cerrada, mientras yo corro de un zoom a otro, porque “mamá-no-sé-cómo-se-prende-mi-cámara” ó “¿cómo me dijiste que se decía “melón” en inglés?”.
Por lo que he platicado con colegas académicas con hijos pequeños, este patrón se repite en muchas realidades domésticas. Mientras nuestros compañeros parecen tener ahora más tiempo para trabajar, para leer, para escribir y hasta para ver series, nosotras hemos visto el desplome de nuestra productividad a medida que los días de encierro aumentan.
Los datos disponibles sugieren que este fenómeno va más allá de lo anecdótico. Es un problema social creciente y trasciende fronteras. Para distintas mujeres-madres académicas, el aislamiento ha sido una experiencia de vida muy diferente a la de sus parejas y colegas hombres. En palabras de Sofía García-Bullé (2020) “la realidad epistémica durante la pandemia está siendo escrita en su mayoría por hombres”.[1]
Alessandra Minello, investigadora de la Universidad de Florencia, escribió un artículo en Nature que habla de lo que la pandemia revelará sobre el "muro maternal"; obstáculo invisible que interrumpe el avance de las madres en la academia, y que parece acentuarse durante el confinamiento. Si bien, madres y padres alrededor del mundo enfrentan juntos una reorganización del trabajo de cuidados y del tiempo efectivo de trabajo en casa, lo cierto es que, incluso en parejas con alto nivel educativo, el trabajo de cuidados se asume de forma desbalanceada. Este problema se ha acentuado durante la pandemia, aunque, en general, las mujeres suelen dedicar significativamente más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados que los hombres. Según Minello, en Estados Unidos las madres dedican casi el doble de tiempo al cuidado de las y los hijas (os) que los padres. Incluso en aquellos países del norte de Europa, caracterizados por procurar la igualdad de género, las mujeres continúan asumiendo casi dos terceras partes del trabajo doméstico no remunerado. [2]
En la academia, el impacto negativo de la pandemia en la productividad de las mujeres comenzó a notarse desde el segundo trimestre de 2020. Por ejemplo, en el mes abril, la Directora Asistente de The British Journal for the Philosophy of Science, Dra. Elizabeth Hannon, comentó en Twitter lo siguiente: “Insignificante el número de propuestas enviadas por mujeres a la revista el mes pasado. Nunca había visto algo así”[3] Ese mismo mes, David Samuels, co-editor de la Revista Comparative Political Studies aportó un dato interesante que complementa el fenómeno observado por Hannon: durante el mes de abril, las propuestas escritas por mujeres para la revista fueron apenas el equivalente a las de abril de 2019; sin embargo, las aportaciones enviadas por hombres en abril de este año se incrementaron en 50%, con respecto al mismo punto de comparación[4].
A estas voces se han sumado varias más, señalando el impacto diferenciado de la pandemia en la vida productiva entre hombres y mujeres. Resulta importante voltear la mirada a las diferentes formas en las que la pandemia ha impactado la división de las labores domésticas y de cuidados entre los padres y madres de familia que pertenecen al sector académico, además de identificar posibles impactos en su trayectoria profesional a corto y mediano plazo. En el largo plazo, y a nivel societal, la única solución real ha sido ampliamente señalada: se requieren políticas sociales y laborales de largo alcance, que posibiliten la igualdad de género.
[1] García-Bullé, Sofía (2020) “Pandemia académica: la cuarentena acentúa la desigualdad de género en la academia” En: Observatorio de Innovación Educativa. Tecnológico de Monterrey [https://observatorio.tec.mx/edu-news/academicas-pandemia-covid19] visitado el 10/09/2020.
[2]Minello, Alessandra (2020) “The pandemic and the female academic”. En: Nature, World Wiew, 17/04. [https://www.nature.com/articles/d41586-020-01135-9] visitado el 28/08/2020.
[3] Hannon, Elizabeth (18/04/2020) [https://twitter.com/El_Dritch/status/125146939458208973]
[4] Samuels, David (18/04/2020) [https://twitter.com/Samuels_DavidJ/status/1251699111860076553]

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